martes, 29 de septiembre de 2009

LA VENGANZA ES MIA

 Salmo 94


Cortesia de http://www.adorador.com/
Este salmo trata de la triste realidad que nos presenta el mundo de hoy, lejos de la victoria total del bien. Dos cosas se presentan:

 I. Convicción y terror para los perseguidores del pueblo de Dios, mostrándoles el peligro al que se exponen y la insensatez que muestran.
II. Consuelo y paz para los perseguidos, asegurándoles, con base en la promesa de Dios y en la propia experiencia del salmista, que sus aflicciones tendrán un final feliz.

1. Solemne apelación a Dios contra los crueles perseguidores de su pueblo (vv. 1, 2).

(A) Los títulos que le dan a Dios para estimular su fe en la apelación que le hacen: «Yahweh. Dios de las venganzas» (v. 1); «Juez de la tierra» (v. 2). El es el Juez, el Supremo y único verdadero Juez del Universo, del cual proceden todos los juicios de los hombres. El Dador de la ley pronuncia sentencia sobre cada persona, conforme a sus obras, según las normas de dicha ley. Sus decisiones no admiten apelación a otro tribunal superior, porque no lo hay. No sólo tiene poder para hacer justicia, sino que a su misma naturaleza pertenece el hacerla, pues es el Dios de las venganzas, que no permitirá que la fuerza prevalezca contra la verdad y el bien. Esta es una buena razón para que no debamos vengarnos nosotros mismos, pues Dios ha dicho: «Mía es la venganza» (Ro. 12:19). Así que el que se venga usurpa una prerrogativa que es exclusiva de Dios.

(B) Qué es lo que le piden a Dios. Le dicen: « Señor, muéstrate; hazles saber que eres Yahweh y que estás dispuesto a mostrarte fuerte a favor de aquellos cuyo corazón es recto contigo.» Los enemigos pensaban que Dios estaba vencido porque lo estaba su pueblo. «Da a los soberbios su merecido por la insolencia con que te insultan a ti, más aún que por las injurias que le han hecho a tu pueblo.»

2. Se quejan humildemente a Dios de la soberbia y la crueldad de los opresores (v. 3): Son impíos; son (v. 4) hacedores de iniquidad; por eso aborrecen y persiguen a los que hacen el bien, pues eso les avergüenza y les condena. Son arrogantes y se jactan de sí mismos y del mal que hacen (v. 5): A tu pueblo, Yahweh, quebrantan, etc. Son también inhumanos, pues hacen sufrir a los que no pueden valerse por sí mismos: a la viuda, al extranjero, a los huérfanos (v. 6); «¿Hasta cuándo seguirán obrando así?» (vv. 3, 4).

3. El cargo de ateísmo práctico que se les hace (v. 7): «Y dicen: No lo ve Yah (abreviatura de Yahweh), no se entera el Dios de Jacob». Pero el que piense que Yahweh, el Dios viviente, no ve, o que el Dios de Jacob no se entera de las injurias hechas a su pueblo, sólo merece los nombres de bruto y necio (v. 8 Lit. Los mismos términos hebreos de 92:6). Dios ve y se entera de todo lo que hacemos. «Comprended a tiempo, pues mientras hay vida, hay esperanza. Las obras de la creación (v. 9), la formación del cuerpo humano, prueban que hay Dios y que posee de manera infinita y trascendente todas las perfecciones que puedan hallarse en las criaturas: El que plantó la oreja, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?» Los dioses de los paganos tenían ojos y no veían, orejas y no oían; nuestro Dios no tiene ni ojos ni orejas y, sin embargo, ve y oye, pues de Él nos vienen esas facultades. «El que amonesta a las naciones (v.10), ¿no castigará a su propio pueblo que conoce la ley revelada por Dios?» El mismo verbo hebreo se emplea para amonestar, corregir e instruir, porque la corrección tiene por objeto instruir, y no es efectiva la instrucción que no va acompañada de corrección. «Él, que enseña al hombre el conocimiento (lit.), ¿carecerá de conocimiento?». Esta última frase no está en el texto, pero se sobreentiende. ¿Cómo va a carecer de sabiduría el que ha dado al hombre la luz de la razón y de la revelación, mostrando en qué consiste la verdadera sabiduría y el entendimiento? (v. Job 28: 23, 28). Dios se entera incluso de lo que pensamos (v. II): « Yahweh conoce los pensamientos de los hombres, que ellos (los hombres, ya que "ellos" es masculino, mientras que "majsheboth" = pensamientos, es femenino) son insustanciales (lit. vanidad, soplo o vapor)». Los buenos pensamientos son palabras secretas para ser conocidas de Dios, pero los malos son vanidades insustanciales que provocan a Dios.

El salmista profiere ahora palabras de consuelo a los santos que sufren. Lo hace basado en las promesas de Dios y en su propia experiencia.

1. Basado en las promesas de Dios, las cuales no sólo les preservan de la calamidad, sino que les aseguran la verdadera dicha (v. 12): «Dichoso el hombre a quien tú, Yah, corriges.» Aquí el salmista eleva la mirada por encima de los instrumentos de aflicción, y se fija en las manos de Dios, con lo que el castigo cambia de color. Los enemigos quebrantan al pueblo de Dios (v. 5); pero Dios, mediante ese quebranto, corrige a su pueblo, como un padre al hijo en quien tiene su deleite; los perseguidores son sólo la vara con que los corrige. Aquí se promete:

(A) Que el pueblo de Dios obtendrá bienes de sus sufrimientos. Cuando Dios les castiga, les enseña (v. 12b), y dichoso es el hombre que recibe esta disciplina divina, pues nadie enseña como Dios. Cuando somos castigados, hemos de orar ser instruidos, y ver en la ley de Dios el mejor expositor de su Providencia. No es el castigo mismo el que hace bien, sino la enseñanza que le acompaña y explica.

(B) Que el pueblo de Dios obtendrá paz de sus sufrimientos (v. 13): «Para hacerle descansar (no física, sino mentalmente, comp. Is. 7:4) en los días de aflicción». Dice Cohén: «El hombre que ha aceptado la instrucción de Dios no perderá ánimos ni fe en los días de prueba, porque está convencido de que llegará el día de dar cuentas.»

(C) Que verán la ruina de los que eran instrumentos de sus padecimientos (v.13b).

(D) Que, aunque se hallen abatidos, no quedarán abandonados (v. 14). Les pase lo que les pase. Dios no los desechará, no los borrará de su pacto ni les retirará su protección. El Apóstol Pablo se consolaba grandemente con esto (Ro. 11:1).

(E) Que, por mal que marchen ahora las cosas, se han de arreglar un día (v. 15): «El juicio será vuelto a ¡ajusticia», es decir, los tribunales de justicia volverán a dictar sentencia de forma justa y equitativa, y abundarán los rectos de corazón que busquen la justicia. Todo esto será obra de Dios a favor del pueblo, para que Israel recobre su prosperidad. Esta misma esperanza nos ha de consolar cuando parezca que las cosas marchan mal en contra nuestra.

2. Basado en sus experiencias y observaciones personales.

(A) Él y sus amigos habían estado oprimidos por crueles tiranos, que disponían del poder necesario para abusar de los buenos ciudadanos. Eran malignos y hacedores de iniquidad (v. 16). Se entregaban a toda clase de impiedad e inmoralidad, de forma que su tribunal era inicuo (v. 20). La iniquidad es suficientemente atrevida aun en el caso de que las leyes humanas la persigan, pues raras veces resultan efectivas, pero ¡cuánto mas insolente y dañina es cuando está respaldada por la ley! Estos obradores de iniquidad condenaban la sangre inocente (v. 2 Ib) haciendo agravio bajo forma de ley (v. 20b), lo mismo que hicieron contra Daniel (Dan. 6:7) para echarle al foso de los leones. Así han sido tratados con frecuencia los mayores bienhechores de la humanidad, bajo capa de ley y justicia, como si fueran los peores malhechores.

(B) La opresión que sufría pesaba gravemente sobre ellos. El salmista se veía a sí mismo, si no fuese por la ayuda de Dios, morando en el silencio de la tumba (v. 17, comp. con 115:17); estaba «en las últimas», sin saber qué decir ni hacer. El Apóstol había recibido, en un caso similar, dentro de sí respuesta (lit.) de muerte (2 Co. 1: 8, 9). El salmista decía : «Mi pie resbala» (v. 18, comp. con 38:16; 73:2). Una multitud de pensamientos contradictorios le dejaban perplejo, sin saber en qué iba a parar aquello ni qué medidas tomar.

(C) En su apuro, buscó ayuda, socorro y alivio (v. 16): «¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Tengo algún amigo que se preste, por amor, a socorrerme?» Miraba en derredor y no veía a ninguno. Cuando Pablo fue llevado ante el tribunal de Nerón, ninguno estuvo a su lado (2 Ti. 4:16). Le gritaban al Señor (v. 20): «¿Se aliará contigo el tribunal inicuo?» Como diciendo: «¿Es posible que estos inicuos puedan resguardarse bajo el pretexto de que administran la justicia en nombre de Yahweh?» Sólo cuando está a favor de la equidad y de la justicia puede decirse que un tribunal es aliado de Dios. El tribunal inicuo no puede en modo alguno tener comunión con Dios.

(D) Hallaron socorro y alivio en Dios, y sólo en Él. Por eso, habla el salmista de la ayuda de Yahweh (v. 17), cuando se pone en Él la confianza y se espera de Él el alivio. « Si no fuera por eso, dice, nunca habría podido conservar el dominio de mí mismo; pero viviendo por fe en Él, he podido conservar la cabeza por encima del agua.» El socorro que recibimos se lo debemos no sólo al poder de Dios, sino a su misericordia (vv. 18,19): «Tu misericordia, Yahweh, me sustenta. Tus consolaciones alegran mi alma, cuando son muchas las preocupaciones dentro de mí. Cuando se agolpan en mi mente los pensamientos inquietantes, sólo el consuelo que tú me ofreces sirve para aquietar mi mente y dar paz a mi alma.» Las consolaciones de Dios llegan hasta el alma, no sólo hasta la imaginación, y le dan la paz y el gozo que no pueden darle las sonrisas del mundo, ni pueden quitarle los enfados del mundo.

(E) Dios es, y siempre será, Justo Juez, protector del derecho y castigador del mal; de esto tenía el salmista la seguridad y la experiencia (v. 22): «Cuando nadie quiera, o no pueda, o no se atreva a defenderme, Yahweh es mi baluarte, para preservarme de la maldad de mis apuros, para no hundirme bajo su peso ni ser arruinado por ellos; y es la roca de mi refugio, en cuyas hendiduras puedo cobijarme y encima de la cual puedo asentar mis pies para estar fuera del alcance de todo peligro.»


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