jueves, 1 de septiembre de 2011

INDEPENDENCIA CENTROAMERICANA

Se denomina como Independencia de Centroamérica a la conmemoración —por parte de los actuales países de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica— de la firma del Acta de Independencia de América Central el 15 de septiembre de 1821. Tal Capitanía estaba conformada, en ese entonces, por la Provincia de Guatemala, Chiapas, Comayagua, San Salvador y la Provincia de Nicaragua y Costa Rica. La suscripción del documento trajo como consecuencia la independencia del Gobierno Español.

A diferencia de los demás países Americanos, la Independencia de Centroamérica fue un proceso relativamente pacífico. El movimiento independentista centroamericano tomo como ejemplo la independencia de los Estados Unidos, y la revolución francesa que terminó con desigualdades y privilegios. Además de ser influenciado por las ideas del reformismo ilustrado español y de la ilustración racionalista europea.

La independencia centroamericana tomó impulso luego de la ocupación francesa de 1808 en España. Esta creó un caos político en la península ibérica que terminó con la formación de diferentes grupos de resistencia popular mejor conocidas como Juntas. Estas crearon un gobierno español clandestino y promulgaron la Constitución de 1812 la cual tuvo un efecto directo en toda América.

El primer movimiento independentistas en Centroamérica se dio en el 5 de noviembre de 1811, cuando una conspiración encabezada por los curas José Matias Delgado y Nicolás Aguilar intentó apoderarse de unas armas que existían en la casamata de San Salvador. A este movimiento le siguieron revueltas en Nicaragua, la conjuración de Belén y otros movimientos de 1814 a 1821.

Una reunión entre las mismas autoridades coloniales, y una junta de notables compuesta por líderes religiosos y criollos ilustrados, terminó el 15 de septiembre de 1821 con el dominio español en el antiguo reino de Guatemala, que comprendía el actual territorio del estado de Chiapas (México) y las repúblicas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.

 

Antecedentes

La obtención de la independencia de Centroamérica fue relativamente pacífica. A diferencia de los otros países Americanos, los cuales libraron fieras batallas para lograr convertirse en Estados independientes en Centroamérica fue la excepción. Muchos fueros los factores que culminaron en la independencia en el antiguo reino de Guatemala, pero predominaron la influencia de ideas revolucionarias provenientes de Europa. La independencia de los Estados Unidos de América, así como el descuido de España en Centroamérica debido a los cambios socio-políticos en la misma península ibérica.

En 1808 los franceses gobernados en ese entonces por Napoleón Bonaparte invadieron España y destronaron al rey Fernando VII y coronaron en su lugar a José I (hermano de Napoleón). Los españoles se rebelaron en contra de el invasor y se negaron a reconocer al nuevo monarca. Esto produjo un caos político en la península ibérica que terminó con la formación de diferentes grupos de resistencia popular mejor conocidas como Juntas. Estas estaban compuestas por militares, representantes del alto clero, funcionarios y profesores, todos ellos conservadores quienes terminaron creando un gobierno español clandestino. Durante esta crisis, la Junta Central Suprema, que se creó tras la derrota francesa en la Batalla de Bailén, ordenó mediante decreto del 22 de mayo de 1809 la celebración de Cortes Extraordinarias y Constituyentes. Las Cortes, previstas para 1810, por el avance napoleónico, tuvieron que reunirse primero en San Fernando, entonces Isla de León, y después en Cádiz.

El 24 de septiembre de 1810 se celebró la primera sesión de las Cortes Extraordinarias y Constituyentes en la ciudad de San Fernando. Fue en esta localidad donde se promulgaron los decretos relativos a la Soberanía Nacional, la división de poderes, la igualdad y la legalidad o la libertad de imprenta. Todo ello sentaría las bases del Estado Democrático y de Derecho, así como el fin del antiguo Régimen y el inicio de un nuevo tiempo para los españoles de los ambos hemisferios, la Península y las colonias en América.

La tarea de las Cortes de Cádiz fue crear un cuerpo legislativo (leyes) de carácter liberal sobre el que crear un nuevo orden social que acabara con la sociedad estamental que había caracterizado a España hasta ese momento. El producto de esta labor fue la Constitución de 1812. Todos estos movimientos socio-políticos en la península fueron bien recibidos por los criollos y resistidos por la oligarquía centroamericana.

Antes ya había tenido su repercusión en el istmo centroamericano la independencia de los Estados Unidos de América a través de La carta de Filadelfia, de 1776.[1] En ella se estipula que los gobiernos tenían la obligación de garantizar la libertad, la vida y la felicidad de los habitantes; si los gobiernos no cumplían esta obligación, las personas podían cambiarlas. estas ideas resonaron en las mentes de los criollos quienes experimentaban el menosprecio por parte de los peninsulares. Estos se reservaban los mejores empleos, los altos cargos públicos, militares y religiosos.

Las ideas del reformismo ilustrado español y de la ilustración racionalista europea, principalmente francesa la cual desemboco en revolución que terminó con desigualdades y privilegios, también repercutió en Centroamérica. [2] a finales del siglo XVII las obras francesas de autores como Montesquieu, Rousseou, de otros enciclopedistas y de varios autores franceses e ingleses que entraban en las bibliotecas de algunos ilustrados españoles...Ideas como el Contrato social ejercieron una atracción notable sobre todo en los criollos.[3]

Fue así como estas ideas revolucionarias sumadas al vacío de gobierno en España causado por la invasión francesa, y la posterior promulgación de la constitución de Cádiz, abrió la oportunidad para que los criollos centroamericanos, dieran impulso, al movimiento independentista.

Primer grito

El 5 de noviembre de 1811 estalló en la provincia de San Salvador (la cual cubría la mayor parte de lo que ahora es El Salvador) una conspiración encabezada por los curas José Matias Delgado y Nicolás Aguilar, dos hermanos de este último y los señores Juan Manuel Rodríguez y Manuel José Arce. Su plan consisitia en apoderarse de unas armas que existían en la casamata de San Salvador y de doscientos mil pesos depositados en las arcas reales, con lo que creyeron era suficiente para lanzar el grito de la libertad.[4]

Según el plan, los fusiles serían puestos en manos de patriotas de esta ciudad especialmente en los del barrio de El Calvario. Una vez consumado esto, desconocerían la autoridad del intendente de la provincia, Antonio Gutiérrez de Ulloa, fundarían una Junta Popular de gobierno y procurarian hacer extensivo el movimiento a los demás puntos de la Provincia. Los revolucionarios contaban con la participación de las poblaciones de Metapan, Zacatecoluca, Usulutan, y Chalatenango.

Parte del plan fue llevado a cabo por Los revolucionarios, porque lograron deponer al intendente, pero no lograron convencer a los ayunyamientos de los pueblos de San Miguel, Santa Ana, Sonsonate, y San Vicente; estos resistieron la idea independentista. Los cabecillas de aquel movimiento comenzaron a desalentarse y la insurrección degenero en grupos que corría las calles sin objeto alguno, aunque sin casar el menor desorden a particulares.

Al saberse de este movimiento en Guatemala, se comenzó a reclutar tropas para reducir el orden a la Provincia insurrecta pero habiendo aceptado el Capitán General la mediación del ayuntamiento de Guatemala, vinieron a San Salvador los regidores José de Aycinena y José María Peinado facultados para recibir el gobierno de la Provincia. A estos sujetos se agrego el arzobispo de Guatemala fray Mariano Vidaurre y a otros misioneros destinados a predicar contra los insurgentes.

El 3 de diciembre llegaron a San Salvador Aycinena y Peynado -; el pueblo que una vez favoreció a los insurrectos recibió con jubilo la llegada de los pacificadores y el orden fue restablecido. El padre Delgado fue llamado a Guatemala, los misioneros predicaron con buen resultado y se les concedió una amnistía a los implicados en el movimiento revolucionario. quedando Peinado en el ejercicio del mando político y militar de la Provincia de San Salvador.[5]

Conjura de Belén

Artículo principal: Conjuración de Belén
En 1813 se produjo en Guatemala un nuevo movimiento independentista. Este movimiento mejor conocido como la conspiración de Belén; comenzó a celebrar sus reuniones a partir del 28 de octubre en la celda prioral del Convento de Belén. Participaron en estas reuniones religiosos, militares y seglares todos encabezados por el fraile, Juan de la Concepción. En estas reuniones se elaboro una proclama independentista, se planeo la destitucion del Capitán General Bustamante y Guerra, así como la liberación de prisioneros independentistas en Centroamérica.

Pero todo lo planeado se vino abajo, un traidor denuncio los hechos al Capitán General Bustamante y Guerra, además de proporcionarle nombres específicos de las personas en aquella intentona; ante tal noticia el movimiento quedo al descubierto, por lo que el 21 de diciembre de 1813, fueron capturados en sus casas de residencia. Una vez capturados, se les sometió a juicio, siendo procesados y al mismo tiempo diciéndoseles penas a todos ellos.

El comunicado de las penas se dio el 18 de septiembre de 1814, el fiscal designado do Antonio Villar, emitió su veredicto, en el que daba por probado los hechos, y sentenciaba con las siguientes penas a los implicados: Pena de muerte por medio de garrote, para Francisco Barrundia, Alférez de Dragones y regidor del ayuntamiento; Joaquín Yúdice; el padre Tomás Ruiz y fray Víctor Castrillo. Pena de horca, para Fray Juan de la Concepción sub-prior del Convento de Belén, Fray Manuel de San José Betlemita,; León Díaz y Felipe Castro, sargentos veteranos de dragones y milicias; Andrés Dardón, José Alvarado, Juan Fernández, Cayetano Bedoya, Manuel Ibarra, Mariano Cárdenas y Manuel Tot. Diez años de presidio en África, y destierro perpetuo de los dominios de América para Fray Benito Miquelena religioso mercedario. Ocho años de las mismas penas para Francisco Montiel y José Ruiz.[6] De los arriba mencionados Barrundia e Ibarra huyeron; los demás fueron reducidos a estrecha prisión y encausados. Cinco anos después fueron puestos en libertad por orden del Rey Fernando VII.

1814

El 24 de enero de 1814, se llevó a cabo en San Salvador un nuevo movimiento independentista, amplia participación popular, pero al igual que los anteriores terminó siendo desastroso. Santiago José Celís, uno de los líderes fue asesinado, y los demás cabecillas fueron arrestados.

En mayo de 1814, Fernando VII regresó a España como rey, e inmediatamente restableció el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz. Los efectos de las medidas reales se hicieron sentir en Centroamérica, donde el Capitán General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, desató una persecución en contra de los independentistas y los defensores de las ideas liberales, que se prolongaría hasta la destitución de Bustamante en 1817. [7] [8]

La Proclama

En 1818 el implacable Bustamante dejó el poder y le sustituyó Carlos Urrutia, un hombre de carácter débil y en cuyo gobierno los independentistas ganaron terreno. En 1820 el rey de España Fernando VII se vio forzado a restablecer la constitución de 1812, a consecuencia de ello se implemento en Centroamérica la libertad de prensa. En ese mismo año el doctor Pedro Molina comenzó a publicar "El Editor Constitucional". Periódico en cual se critico al gobierno de la colonia, se defendieron los derechos de los centroamericanos y se promovió la independencia.

En México, la revolución obtuvo un completo triunfo y a través del Plan de Iguala declaró su independencia total de España el 24 de febrero de 1821. Esta noticia desconcertó a las autoridades españolas de Guatemala y la vez sirvió de estímulo a la causa independentista. El 9 de marzo, presionado por los liberales independentistas, el Capitán General dejo el puesto para que fuese ocupado por el sub-inspector del ejército Gabino Gaínza. Gainza era del agrado de los independentistas, porque además de ser un hombre de una edad muy avanzada, también era de carácter débil y voluble. Bajo su mando Centroamérica experimento una agitación social de niveles intolerables. Esta situación obligó a la diputación provincial a solicitar a Gainza una reunión para discutir el difícil tema de la independencia.

El Jefe Gainza entonces, atendiendo este llamado, reunió una junta de notables compuesta por el señor arzobispo, diputados, jefes militares, los prelados de las órdenes religiosas, y empleados de hacienda. En aquella memorable reunión presidida por el mismo Gainza, los presentes externaron con libertad su opinión. El señor José Cecilio del Valle tomó la palabra y en un largo discurso demostró la necesidad y la justicia de la independencia, pero manifestando que, para proclamarla primero debía oírse el voto de la Provincias.

Sin embargo, el pueblo que asistía a tan importante acto pidió a voces la independencia, y esta fue proclamada el 15 de septiembre de 1821. Valle redactó aquel memorable documento, así mismo también redactó el Manifiesto que publicó el Capitán General Gainza sobre el gran suceso de la independencia.

"En el Acta de la Independencia se fijaron las bases de un nuevo régimen: se determinó que se eligiesen por las Provincias, Representantes para formar el Congreso de la nación, al que debía corresponder la fijación de la forma de gobierno,"[9] y la formación de la constitución.

También se determinó "Que la elección de Representantes se hiciese por las mismas juntas electorales que había elegido diputados a las cortes de España, observándose las leyes anteriores para el procedimiento de la elección: que las provincias eligiesen Representantes sobre la base de un Diputado por cada quince mil habitantes.

Que el congreso Constituyente se reuniese el 1 de marzo de 1822: que hasta su reunión no se hiciese alteración alguna en la observación de las leyes españolas, ni con respecto a los tribunales y funcionarios existentes.

Que se conservase la religión católica en toda su integridad y pureza; y que mientras el país se constituía, el jefe Gabino Gainza continuase con el gobierno superior, político y militar, obrando de acuerdo con una Junta Provisional Consultiva

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