viernes, 15 de julio de 2011

¿LA GUERRA DE LAS CIEN HORAS O LA GUERRA DEL FUTBOL?

La denominada Guerra del fútbol o la Guerra de las 100 horas fue llamada así por la coincidencia de este hecho con los derivados de un partido de fútbol que enfrentó a las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, con motivo de las eliminatorias para la Copa Mundial de Fútbol de 1970. El nombre con el que se conoce a esta guerra fue acuñado por el reportero polaco Ryszard Kapuściński.

En ella se evidenciaron las tensiones políticas entre estos dos países que finalmente los llevaron a un conflicto armado. Fue una guerra breve (duró sólo 4 días). La situación social en ambos países era explosiva y se buscaba por parte de los militares gobernantes una salida conveniente para los grupos en el poder político de cada país.

Los hacendados controlaban la mayor parte de la tierra cultivable en El Salvador. Esto llevó a la emigración constante de campesinos pobres a regiones de Honduras cercanas a la frontera con El Salvador. En 1969, Honduras decidió realizar una reforma agraria, para lo cual expropiaron y expulsaron a los salvadoreños que habían vivido ahí durante varias generaciones y los que se habían hecho propietarios a base de esfuerzo propio. Esto generó una persecución de salvadoreños en Honduras y un "regreso" masivo a El Salvador.

Esta escalada de tensión fue aprovechada por los gobiernos de ambos países para orientar la atención de sus poblaciones hacia afuera, en vez de los conflictos políticos internos de cada país. Los medios de comunicación de ambos países jugaron un papel importante, alentando el odio entre hondureños y salvadoreños. Los conservadores en el poder en El Salvador temían que más campesinos implicarían más presiones socioeconómicas en El Salvador, razón por la cual decidieron intervenir militarmente en Honduras.

El 14 de julio de 1969, el ejército salvadoreño lanzó un ataque contra Honduras y consiguió acercarse a la capital hondureña Tegucigalpa. La Organización de Estados Americanos negoció un alto el fuego que entró en vigor el 20 de julio. Las tropas salvadoreñas se retiraron a principios de agosto.
Al final de la guerra, los ejércitos de ambos países encontraron un pretexto para rearmarse y el Mercado Común Centroamericano quedó en ruinas. Bajo las reglas de dicho mercado, la economía salvadoreña (que era la más industrializada en Centroamérica), estaba ganando mucho terreno en relación a la economía hondureña.

Las dos naciones firmaron el Tratado General de Paz en Lima, Perú el 30 de octubre de 1980 por el cual la disputa fronteriza se resolvería en la Corte Internacional de Justicia.

ESTE ES EL FINAL IGNOREN LO ANTERIOR, GRACIAS

Tegucigalpa, 13 de julio de 2011


Compañero, Compañeras
Frente Amplio de Resistencia Popular:

A partir de la fecha, iniciamos  la sección “Notas del Coordinador General al Pueblo Hondureño”, las que van dirigidas, especialmente, a las personas y organizaciones, políticas y sociales, que han manifestado su deseo de formar parte del Frente Amplio de Resistencia Popular.

Ponemos a disposición del pueblo hondureño la cuenta de correo electrónico manuelzelayar@gmail.com  para establecer un vinculo de comunicación directa con el Coordinador General.

Por mandato expreso de la Asamblea general Extraordinaria del 26 de junio recién pasado se CREO el frente amplio de resistencia popular, y ya se  ha iniciado un proceso  de definición de los estatutos y reglamentos, para la formación y Organizacion del frente amplio. A continuación comento algunas preguntas que frecuente mente me realizan ;

¿Qué es el Frente Amplio de Resistencia Popular?

El FARP es la organización política que aglutina a todas las fuerzas en resistencia contra el Golpe de Estado Militar del 28  de Junio de 2009 y lucha por una verdadera transformación de Honduras .

¿Quiénes participan en el Frente Amplio de Resistencia Popular?

En el FARP pueden participar todas las personas hondureñas, y   los  partidos políticos y organizaciones sociales  en resistencia contra el golpe de estado y que se manifiesten en contra del control oligárquico del Estado.

¿Puede un miembro del FARP portar otras banderas políticas?

Si, cada persona puede portar la bandera de la institución política a la que pertenece, sin restricción de ninguna índole; así los miembros del FNRP podrán llevar su bandera roja y negra ; los liberales en resistencia su emblema rojo-blanco rojo; la Unificación Democrática en resistencia su color amarillo, igual que los otros partidos en resistencia ,  Esto también es aplicable a las organizaciones sociales que integran el FNRP .

¿Cómo se puede participar en el FARP?

Las formas de participación en el Frente Amplio de Resistencia Popular estarán sujetas a los Estatutos y Reglamentos que se están consensuando, y que deben estar listos a más tardar el día 30 del mes en curso.

Compatriotas ;  Aspiramos que el Frente De Resistencia Popular en  la próxima Asamblea General Extraordinaria decida,  que todos los cargos en el frente amplio ;  sean electos a través de el voto popular o sea la consulta popular directa,  universal y secreta, que se practica en las urnas electorales; esta es la mejor forma  de garantizar que no regresen las prácticas tradicionales de imposición por intereses particulares o  compadrazgos.

Aprobados los  Estatutos y  el ideario político,  se pone fin al  tradicionalismo político con  una nueva forma de participación,  POLITICA democrática y revolucionaria,  y  de esta manera comenzar  la recolección de firmas, y  complementar los requisitos necesarios para la inscripción legal del Frente Amplio de Resistencia Popular.

Compatriotas ; Estas Notas serán a partir de hoy  un instrumento de comunicación permanente con el pueblo, para expresar ideas,  hacer planteamientos y remitir información de primera mano  sobre la realidad nacional de el propio puño y letra del CG .

Resistimos y venceremos


José Manuel Zelaya Rosales
Coordinador General FNRP

Fuente: Facebook

DE LO HUMANO Y LO DIVINO

Tengo buenos amigos, excelentes amigos y compañeros, que son sacerdotes católicos. Son cultos, educados, respetuosos y, como es lógico en las personas cultas, amenos  y agradables en el diálogo y la tertulia. Me llevo bien y me siento bien con ellos. Es más, al menos uno de ellos forma parte de la Junta fundadora del Centro de Documentación que dirijo. Les admiro por su cultura, sus conocimientos y, sobre todo, por su manera de ser, su espíritu de tolerancia, de solidaridad, su respeto a las verdades, propias y ajenas, su sentido de  comunidad y su vocación para compartir y disentir. Son, al menos para mí, personas admirables.

Sin embargo, no soy, lo que se dice y se acepta, un “hombre religioso”. Apenas llego a no creer en ciertas cosas, sin caer en el abismo fácil del escepticismo desafiante. A duras penas  escéptico, discretamente dudoso, apenas agnóstico, en el mejor sentido de la palabra. Y, por lo mismo, eso no me convierte ni en adversario polémico, ni en cuestionador incómodo de las verdades y dogmas que mis amigos sacerdotes, con justa y merecida razón, asumen y defienden.

¡Qué bien que sea así! Ya quisiera yo conservar todavía, a mi discreta edad, la fuerza emocionante de la utopía juvenil que los dogmas – versión casi ideológica de los principios – nutren y conservan. Pero, la vida es así. A cada quien nos asigna el puesto que nos corresponde en esta infinita e invisible batalla de principios y aspiraciones. Por algo dicen que no hay peores dogmas que los principios.

Carlos Marx, considerado por los estudiosos y académicos europeos más importantes del año 2010, a través de una incuestionable encuesta, como el científico social más importante del siglo XIX, escribió ( o dijo?) que la Iglesia Católica estaría dispuesta a renunciar al noventa por ciento de sus dogmas a cambio de conservar el diez por ciento de sus intereses. Verdad de a puño, sobre todo si la aplicamos a la conducta de ciertos líderes religiosos aquí en nuestro país.

Veamos los hechos: hace algunos días trascendió al conocimiento público el testimonio de un señor que ha sido considerado algo así como una especie de referente ético en la sociedad hondureña, el llamado Cardenal Oscar Rodríguez. Apenas en dos ocasiones, lo reconozco, he tenido la oportunidad de estar cerca de él. Una vez en una recepción, en el hotel Honduras Maya, de paso, casi fortuito, y otra vez, en un seminario religioso al que me llevó el Presidente Manuel Zelaya (en 2007) para exponer algunas ideas sobre las bases del Plan de Nación que entonces preparábamos para presentárselo al Congreso Nacional. Nunca más – ¡gracias a Dios! – he vuelto a estar cerca de este personaje.

Hoy, al leer su testimonio ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, no puedo menos que asombrarme. Apenas eso. La indignación viene o vendrá después. Cómo es posible, me pregunto, que un hombre culto, cosmopolita, políglota, formado y reformado en la doctrina cristiana, su reforma y contrarreforma, sus vaivenes conceptuales y sus mareas de tradición y cambio, pueda caer en ese deslizadero de chismorreo y calumnia fácil, de comentario vulgar, de opinión cursi y ligera, de mentira gelatinosa y difamación irresponsable. ¡Cómo es eso posible!

Dirán que no hay explicación sencilla a esta pregunta. Quizás no. Pero, me pregunto, estará, acaso, el señor Rodríguez dispuesto a dar una explicación, ¿un párrafo siquiera aceptable para explicar este embrollo? No lo sé. Está en un aprieto. Ha mentido. Pero, no sólo eso. Ha tergiversado la verdad, la ha deformado y acomodado a sus propios intereses que, de pronto, son una forma muy deleznable de mentir. Ha mostrado, con abundancia increíble, su doble moral. Es más, y esto es quizás lo más terrible, ha mostrado la doble – y hasta triple – moral de la institución ( no sólo la suya) que dice representar.

El señor Rodríguez, un hombre acostumbrado a mentir y disfrazar su condición sacerdotal bajo la sotana del ritual eclesiástico, hecho para mostrarse como humilde y misionario, no nos debe seguir engañando. En el caso mío concreto, sólo puedo decir lo siguiente: Me acusa, nada menos que ante el embajador estadounidense, Hugo Llorens, de que , en mi condición de Ministro de Gobernación, entorpecí los trabajos de la Iglesia Católica a favor de los migrantes repatriados a Honduras. ¡Vaya falacia!

Precisamente unos días antes del golpe de Estado, apoyado por el mismo Cardenal, estábamos a punto de inaugurar en San Pedro Sula el Centro de Atención al Migrante, una instalación que yo, como Ministro de Gobernación, había apoyado y promovido.

 ¿Qué le pasa, Señor Rodríguez? ¿Son tan grandes su ego, su incapacidad intrínseca para la autocrítica, su voluntad negativa, sus tendencias tan egocéntricas como racionalmente suicidas? ¿Qué le pasa, señor Cardenal?. Conteste. Se ha convertido usted, sin proponérselo, en la negación misma de aquel figurín mediático y empolvado que lucía su rostro golosamente humilde en los medios que, dicho sea de paso, le siguen siendo estúpidamente fieles.

Valdría la pena, señor, eminencia, príncipe, reverendo y no sé cuántas cosas ridículas más habría que utilizar para llamar a alguien que, en puridad de verdad, no es más  - y menos – que un simple y llano ciudadano. Un sacerdote que perdió su camino y fue más allá de sus provincianos sueños. Nada más, señor.

Fuente: VICTOR MEZA
            Facebook, seccion Documentos
                              Valle de Ángeles, 13 de junio de 2011

THE NEW YORK TIMES

El asesino que reveló una red de corrupción y narcotráfico en el seno de la política hondureña. TEGUCIGALPA — El número de asesinato...