viernes, 11 de noviembre de 2016

TSC, algo más que un reparto

tsc

Por: Thelma Mejía
Tegucigalpa.-  La próxima semana, los personajes más validados en Honduras—porque fueron electos bajo una papeleta con fotografía según Mauricio Oliva—llevarán a cabo una especie de simulacro público que concluirá con la elección de los próximos magistrados del Tribunal Superior de Cuentas (TSC), único ente con facultad para investigar el enriquecimiento ilícito en la administración pública, de ahí su importancia estratégica.
La elección del TSC no es un simple reparto de cuotas o “derechos adquiridos” como quieren hacer creer ciertos partidos políticos para justificar su ingreso a los juegos del poder por el poder, del poder por el dinero y del dinero para el poder, como afirman los analistas del patio. En el TSC se pueden lavar trapos sucios propios y ajenos, actuales o pasados, en fin, hacer “carrera limpia” la burocracia imperfecta y hasta los gobiernos locales saqueadores.

Por eso el malestar de las élites políticas cuando organismos de sociedad civil se retiran del proceso por opaco y sin normas reales de garantía. Hasta la MACCIH ha advertido de los riesgos que esta elección caiga en una politización partidaria despiadada que lejos de prestigiar al parlamento y al país, lo termine por complicar en su cacareada lucha contra la corrupción y la impunidad.

Pero ¿Quiénes se creen esos de la sociedad civil? ¿Quién es la MACCIH para meterse donde no la llaman, si su labor es de acompañamiento?  Y ¿Quiénes son esos cabezas calientes que no quieren a Honduras? Si un sector de la sociedad civil se retira del proceso, ¡Que le vaya bien!, otros vendrán. Así han sido los dardos y respuestas lanzadas por los políticos.

Sus respuestas no son para menos. Están incómodos por la vigilancia ciudadana y la veeduría internacional, misma que como recordó el presidente del parlamento, Mauricio Oliva, no pasan de ser representaciones diplomáticas que pueden opinar, pero no legislan. La soberanía está siendo puesta a prueba.

¿Por qué no quieren que metan sus manos en la elección del TSC? Porque es el único organismo facultado para investigar el enriquecimiento ilícito, ni el Ministerio Público tiene esa potestad. Y es ahí en donde duerme el sueño de los justos los casos de policías corruptos, de alcaldes, ministros, ex ministros y otros burócratas pasados y presentes.

Ahí es donde reposan las declaraciones de probidad y si alguien quiere seguir la pista del dinero público, seguro encontrará fortunas y bienes igual o mayores a los asegurados por ahora a las personas ligadas al crimen organizado. Igual, la corrupción es un delito que configura la rama del crimen organizado.

Esas y otras razones son el verdadero trasfondo para que exista tanto celo en torno a la elección del TSC. Entre los nominados para ser escuchados en audiencias públicas—el anfiteatro previo al gran teatro—hay personajes a quienes se les busca pagar favores políticos pasados y del pasado reciente para asegurarse un futuro floreciente.

En los pasillos legislativos y de otros poderes del Estado—independientes por cierto—ya trascienden nombres y pactos de caballeros entre las élites de poder político vigentes y en la sombra. Para el pueblo, la elección del TSC será un reparto, pero para las personas más validadas en Honduras, el proceso será muestra de una madurez política de consenso en donde la democracia requiere no solo sacrificios y tolerancia, también equidad e inclusión. Hay derechos adquiridos entre ciertos partidos que deben respetarse, nos dirán.

Y no es para menos. En El Salvador, tres ex presidentes—uno fallecido en el proceso—otro durmiendo actualmente en las bartolinas y un tercero asilado en la otrora Nicaragua sandinista, fueron pillados justamente por sus declaraciones de probidad, es decir, por esa figura de enriquecimiento ilícito a cargo del tribunal de cuentas.

En Guatemala igualmente otros funcionarios han caído por esas incómodas declaraciones de probidad, hasta un partido político se cerró y el ex presidente Otto Pérez y compañía no pueden justificar sus riquezas por esos pequeños detalles que no pudieron cerrar, pero que aquí en Honduras nuestras élites mejor validadas parecen estar dispuestas a blindar. Y como dicen los salvadoreños: ¡Salucita pues! A prepararse para ver esta elección.

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