miércoles, 31 de mayo de 2017

EL TRAJE DEL MUERTO

Por Titortiz
Foto del perfil de Tito Ortiz, La imagen puede contener: una persona, gafas y primer plano
En 1974, cuando nos vinimos a vivir a San Pedro Sula, yo tenía 26 años. Tuve muy buenas experiencias. La joyería Cantero me dió la oportunidad de servir como gerente de su sucursal. Venía de trabajar como Analista de Sistemas en Rivera y Compañía en Tegucigalpa.

Estar en la mejor joyería de Honduras fue un orgullo. Con el tiempo me di cuenta de que estaba a la par de las mejores joyerías del mundo.

Don Alfredo Cantero padre me dió unos consejos que me servirían para siempre. Me estaba dando clases para mi vida futura. 

Uno de ellos era este: Sea honrado, no por convicción, sino por conveniencia. Si usted es deshonesto, va a hacer un negocio bueno una vez, pero la voz se va regar en el pueblo y nadie más le va a comprar. Si usted dice que una piedra es diamante, que sea diamante.

El otro fue de hacerme socio del Club del Hotel Copantl y del Casino Sampedrano. La joyería pagaría la membresía. Él quería que mis clientes me vieran como un amigo y no como el vendedor detrás del mostrador. Los clientes le compran a sus amigos. Él lo comprobó personalmente. Era amigo de todos, desde el presidente de la república, los ministros, el cuerpo diplomático y los grandes empresarios, hasta la persona más humilde.

Me pidió que cooperara con todas las organizaciones de beneficencia y que fuera generoso en tiempos de desastres naturales, enviando sacos con granos básicos a los que sufrieran por esa causa.

Me ayudó mucho el que Gilda mi esposa, jugara tenis a diario desde que nos casamos y que fuera la capitana del equipo. Sus amigas también comprarían en la joyería.


Mi salario mensual era el doble del de un gerente de un banco o de un diputado.

Usaba buena ropa y finos zapatos Florsheim. Siempre compraba el mismo estilo.

Era como dije una vez el tiempo de las vacas gordas.

Ocho años después vino el tiempo de las vacas flacas. 
Teníamos que sobrevivir. Empezamos a trabajar por nuestra cuenta. Lo estábamos logrando trabajando duro.


Mi tío Guto, hermano de mi mamá, me llamó desde los Estados Unidos para decirme que un inversionista quería hacer negocios con Honduras.

Mi hija Claudia se puso en contacto con él y empezaron a exportar a Long Beach, California, pequeños baúles de madera tallados a mano. Pero no con los típicos diseños Mayas o paisajes. Teníamos una enciclopedia del Reino Animal y de ahí sacamos los animales salvajes que servirían de modelo.

Alquilaron una casa de tres dormitorios en las Lomas del Guijarro, en donde vivirían Claudia, su hermano menor Roberto y serviría como bodega para los baúles. Un dormitorio lo usaría el gringo cuando viniera a Honduras. Raras veces venía.

El negocio fue un éxito. Tanto, que el inversionista gringo invitó a Claudia a que viajara a los Estados Unidos para que viera las tiendas en que se vendían los baúles. Ella fue y como mi abuela vivía en Long Beach, se hospedó en su casa.

Había pasado una semana cuando mi hija me llamó por teléfono muy preocupada. El gringo se había vuelto loco. Se despidió para siempre de su familia, diciéndoles que se venía a Honduras a acabar con todos los gringos que vivían en Danlí, porque estaban dañando el medio ambiente. Él era veterano de la guerra de Viet Nam. Empacó sus uniformes de combate, sus botas y productos químicos que utilizaría para llevar a cabo su misión.

Yo tenía que hacer algo al respecto. Así que llamé a la policía dándole toda la información. El gringo estaría llegando a Honduras el siguiente domingo a las cuatro de la tarde.

El martes en la mañana, entre los titulares de los periódicos, aparecía la noticia de que una avioneta, rentada por un gringo, había estallado en el aire.

Mi hija me llamó diciéndome que la noticia era cierta. El gringo había muerto. La Embajada Americana se había hecho cargo de enviar el cuerpo a los Estados Unidos.

Me contó que en la casa de ella había quedado un traje de casimir muy fino. Que que hacía con él.

Que era lindo. Le dije que me lo enviara, que yo no tenía un traje formal. Ella me contestó diciéndome que era grande porque el gringo era bien alto. Yo le dije que no importaba. Yo lo mandaría a hacer a mi medida. Se lo di a una costurera, quien a pesar de mi corta estatura, hizo un gran trabajo. Me cobró solamente Lps.75.00. Quedó como que hubiera sido hecho para mi. Lo único es que como le recortó tanto, desaparecieron las bolsas. Entonces la costurera le hizo unas bolsas simuladas. Quedó lindo mi traje, el traje del muerto.

Los meses pasaron y la situación económica estaba crítica. Una compañera del equipo de Tenis de Gilda, nos invitó a la boda de su hija. Íba a ser la boda del año. Algo nunca visto. La boda se celebraría en su linda casa de la montaña. Asistiría la "crema y nata" de la sociedad sampedrana.

Había en la falda de la montaña un lote en donde dejaríamos aparcados nuestros automóviles y lindos buses medianos con aire acondicionado nos llevarían a los invitados ida y vuelta a la fiesta. Los buses estaban listos para cuando uno los necesitara.

Mi esposa quería ir a la gran boda. Yo quería complacerla. Existía un gran problema. Yo tenía el traje del muerto. Pero no tenía un par de zapatos decentes y no tenía dinero para comprarlos. Entonces decidí ir a una tienda económica de zapatos hechos en El Salvador. Al entrar a la tienda vi que en una sección había un rótulo que decía: Calzado americano ligeramente usado.

Aquello me llamó la atención y me fui a ver. No me lo van a creer. Había un par de zapatos Florsheim del estilo que yo solía comprar. Eran ocho y medio D, mi medida y costaban Lps.250.00. Como nuevos. 

Los compré inmediatamente.

Ya en la fiesta de la boda, platicando con mi comadre, mujer bella, casada con un millonario, le contaba muerto de la risa, la historia del traje del muerto y la de los zapatos, cuando de repente ella clavó su mirada en mi zapato izquierdo, pues yo estaba sentado con la pierna cruzada, y al mismo tiempo que me preguntaba: ¿Que es esto? de un solo, arrancó un tape que traía pegado en la planta. En el tape decía: Ganga Lps.250.00

Eran carcajadas las que los dos nos tirábamos.
Y como dice Pablo en la biblia:

Filipenses 4:12
Sé bien lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es tener de todo. He aprendido a vivir en toda clase de circunstancias, ya sea que tenga mucho para comer, o que pase hambre; ya sea que tenga de todo o que no tenga nada.

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