jueves, 25 de enero de 2018

EL VALOR DE UN SER HUMANO

Hay un fulano en Honduras que llego a diputado no sabemos como; pues este señor introducirá un proyecto para que en las Universidades y Colegios no se imparta ya la matematica; por eso publicamos lo siguiente:
'El Alero' dice que la gente en la calle le muestra su apoyo político.
Forjar una existencia basada en la honestidad y la ética toma coraje y esfuerzo. En nuestra vida laboral, en el entorno familiar y, sobre todo, en nosotros mismos.

ace algunos años asistí a un seminario y todos los presentes quedamos perplejos cuando alguien nos lazó una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que fueron honestos? Una pregunta desconcertante y dura. Nos miramos sorprendidos. Todos estábamos seguros de serlo.
El presente volvió a insistir: “Piensen, con sinceridad, ¿cuándo fue la última vez que fueron honestos?”.
Y empezaron a surgir interrogantes por parte de todos: ¿Siempre he dicho la verdad? ¿En cualquier circunstancia? ¿Respeto las buenas costumbres, los principios que digo tener y los bienes ajenos? ¿Soy honrado en las palabras, las intenciones y los actos? ¿Cualquiera que me conozca puede decir que soy una persona de honor?
Se requiere coraje, mucho coraje, para decir siempre la verdad, para tener siempre comportamientos transparentes con los demás y obrar en forma recta y clara. Es decir: ser honestos y actuar de manera ética.
Seguramente muchos de los que leen esta columna, y de pronto en más de una ocasión, han participado en procesos para definir la misión, la visión o los valores de la empresa para la cual trabajan.
Cuando se enfrenta a la definición de los valores, existe la tentación fácil de expresar lo que se quiere, el deber ser y no la realidad. Sin embargo, lo que verdaderamente hay que identificar son los valores presentes, los que se practican a diario, los que caracterizan a la organización.
Con más frecuencia de la que nos imaginamos, la visión, la misión y los valores de una empresa son exactamente iguales a los de mil más. Es como si esas definiciones fueran un simple ‘recetario’ para enmarcar y lucir en las paredes de las oficinas y no el reflejo de la esencia, del credo y de las prácticas cotidianas de quienes forma la empresa.
Tengan la certeza, eso sí, de que la ética y la honestidad son infaltables en la lista de valores de cualquier compañía y, sobre todo, de que esos mismos preceptos pueden aplicarse a esta ‘empresa’ que llamamos hogar o familia, y que es nuestra responsabilidad primordial.
Permítanme plantear, una vez más, estos interrogantes: ¿Han reflexionado sobre cuál es su misión en la vida? ¿Tienen clara su visión? ¿Los valores que predican pueden ser apreciados y reconocidos por cualquier persona que esté a su lado?
Dejo para nuestra reflexión un texto puesto en la red por Jürgen Klari.
“Le preguntaron al gran matemático árabe Al Khwarizmi sobre el valor del ser humano y respondió:
Si tiene ética su valor es igual a 1.
Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será 10.
Si también es rico, súmele otro cero y será 100.
Si por sobre todo eso es, además, una bella persona, agréguele otro cero y su valor será 1.000.
Pero si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor, pues solamente le quedarán los ceros”.

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